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martes, 07 de febrero de 2012
El día que se sacudió la isla PDF Imprimir E-Mail
El 17 de diciembre de 1949 un movimiento telúrico de 7.8 grados en la escala Richter conmovió a Tierra del Fuego. Un ex policía murió, se torció el faro de San Pablo y sobrevino el pánico.
Adrián Goodall se transporta en el tiempo, y recuerda: “yo era chico y pensaba: es el fin del mundo”. “Era de noche” dice, abriendo bien grandes los ojos. Rememorar no le cuesta: los momentos que vivió en el sismo de 1949, siendo él niño, le son absolutamente imborrables. No es para menos; se trató del terremoto más importante en la historia moderna de Tierra del Fuego, alcanzando una magnitud de 7.8 en la escala Richter y VII de intensidad máxima en la escala de Mercalli-Modificada. A los pocos residentes en la Isla, el sismo del 17 de diciembre de 1949 (hoy se cumplen 56 años) los sacudió doblemente. Es que al inesperado movimiento de la tierra le siguió el pánico y la repentina certeza de estar habitando una zona sísmica, de estar viviendo encima de una falla geológica. Tierra del Fuego, la provincia más austral de la Argentina, está atravesada por la falla de Magallanes, justo a la altura del lago Fagnano. Visible desde la superficie en sitios cercanos al espejo de agua, el límite norte de la “Placa de Scotia” origina todos los movimientos que se producen en la Isla. “La falla es claramente visible en superficie en los estancia La Correntina, al este de Tolhuin” aseguró tiempo atrás a este medio el científico Jorge Rabassa, quien describió que “la fractura de Magallanes recorre la isla de este a oeste en la latitud del lago Fagnano, y es una de las más activas del mundo: tiene un movimiento promedio de milímetros por año y en su fricción libera energía que puede liberarse en forma gradual o hacerlo en un sólo momento. Cuando esto último ocurre se producen los terremotos más importantes”. El sismo del ´49, entonces, estuvo asociado al desplazamiento de las placas Sudamericana y de Scotia a lo largo de la Falla de Magallanes. Sismos menores se registraron durante varios meses del año 1950, y si bien en los años posteriores se produjeron otros movimientos, aquel terremoto dejó marcas indelebles, en la tierra y especialmente en el alma de los fueguinos que vivieron aquel momento tan particular.
 
“Algunos tomaron el primer avión al Norte”
 
Cincuenta y seis años después, Adrián Goodall recuerda aquel sismo como un hecho que marcó su infancia y que aún hoy merece ser repasado. “Era la noche. Lo primero que supimos era mi madre que salía gritando ´chicos afuera, chicos afuera´; no sabíamos si era un incendio o qué es lo que era, pero en cuanto nos levantamos nos dimos cuenta, porque se movía todo, la tierra, la casa, todo”. Goodall, integrante de una de las familias pioneras de Tierra del Fuego, recuerda que había “un ruido tremendo” y que “salimos afuera y en realidad yo era chico y pensaba ´es el fin del mundo, cuándo para esto´”. “Al día siguiente, habíamos venido al pueblo y estábamos a esa hora estacionados al frente del club Social, y vimos una ola en la calle que venia de Thorne, y nosotros subíamos y bajábamos” grafica, recordando también que “la chimenea del club Social iba de un lado al otro, no se cayó pero ahí andaba. Ese fue el segundo movimiento”. Goodall reside en la estancia Viamonte, donde palpó de cerca los efectos del sismo, pese a que el epicentro estuvo en la isla chilena Dawson. “De Viamonte viniendo hacia el norte, en el río Fuego había fisuras de 30 cm. de ancho, con un barro blanco en un ancho de dos metros a cada lado -relata-; en Punta María se cayeron todas las estanterías del almacén de ramos generales que estaba ahí, y en el pueblo las tres casas principales de cemento eran el Casino de Oficiales, el banco Nación y la casa grande del frigorífico, y esos tres no sufrieron daños, porque tienen bases muy buenas”. “Otras casas en el pueblo se trizaron, en las casas de madera se trizaban los empapelados, y algunas puertas no cerraban tan bien después del terremoto” cuenta Goodall, para agregar que “en Punta Arenas tuvieron que cerrar los cines”. “El señor Sutherland le contó a don Allen que el río Ewan se secó por varias horas después del terremoto, este es un hecho que yo no sabía. También cayó el cabo San Pablo, tuvieron que hacer un faro nuevo más arriba, y lo mismo pasó en una barranca en el camino cerca del lago” detalla. “Algunas personas de acá se asustaron mucho y tomaron el primer avión al Norte” recuerda el estanciero, a la vez que señala que “casi no se conocían terremotos, aunque en el año 1887 habrá sido mi bisabuela quien contaba que la leche de las tinas en Harberton se cayó por un movimiento sísmico”.
 
Alerta en el Fagnano
 
Si bien el sismo se sintió en zonas alejadas (como Río Gallegos), la región más afectada fue la cercana al lago Fagnano. “Tolhuin no existía” apunta el historiador y periodista Oscar “Mingo” Gutiérrez, quien explica que murió allí “Domingo Argentino Fuentes, argentino de 33 años, de profesión policía y estado civil soltero”. Goodall acota que “fue la única persona fallecida, un ex policía que venía de vacaciones, estaba en un rancho de palo a pique, eso se vino encima de él y falleció”. Gutiérrez revela que el deceso “fue en la ruta Nacional nº 3, en el paraje Kosovo” y se produjo a “la hora 3.55 del 17 de de diciembre de 1949”. El historiador coincide con Goodall en señalar el derrumbe del lugar donde residía Fuentes como causa de la muerte, detalla que las lesiones sufridas por el infortunado fueron “fractura de la base del cráneo” y señala que “el sismo se sintió en toda la isla, en Magallanes y también en parte de Santa Cruz”. Goodall sigue repasando los efectos del terremoto: “Yendo hacia el sur, en la cabecera del lago hay una fisura que todavía se ve, está unos 500 metros antes del puente sobre el río Turbio; allí el camino tiene otro nivel, bajó entre 80 cm y un metro. Era un corte vertical, no se podía pasar con auto, toda la orilla sur del lago bajó, se inundó, todavía se ven los árboles muertos en Kosovo y en toda la orilla del lago”. En el lago binacional llamado Khami por el pueblo shelknam se produjo un seiche u ola sísmica en lagos, que dio origen a la isla barrera de grava que está ubicada sobre su margen oriental. Muchos pobladores no sabían que Tierra del Fuego era una zona sísmica y lo advirtieron de golpe; algo parecido ocurrió luego del último sismo de importancia, en abril de 2003.
 
¿Estamos preparados?
 
A partir de la certeza de habitar una zona sísmica, surge la inevitable pregunta: ¿estamos preparados para una contingencia de ese tipo? El director de Defensa Civil de la Municipalidad de Río Grande, Salvador Ojeda, por un lado sostiene que el de la prevención “es un trabajo que va a llevar un tiempo, hasta que la gente tome conciencia”, y plantea dudas acerca de las construcciones erigidas antes de 1995, aproximadamente. “A nivel institucional, la Dirección ha integrado un sistema de trabajo conjunto con otras fuerzas de la ciudad, que se denomina Centro de Operaciones para Emergencias Municipales (COEM). Cuando las condiciones son normales se trabaja mucho sobre la prevención. Nosotros tenemos evaluados los puntos críticos en la ciudad ante un movimiento sísmico, los puntos clave, hay un plan de llamados, todas estas cuestiones están previstas en los planes de contingencia” explica. Ojeda apunta que “el tema del riesgo sísmico siempre ha sido una temática quizás rechazada por la comunidad, porque no se piensa en el riesgo en el que la isla de Tierra del Fuego está inmersa. Hay una especie de mito, hay muchos antiguos pobladores que vivieron aquel movimiento importante y no se olvidan más, pero tenemos mucha población nueva que no está al tanto del tema. Es un trabajo que va a llevar un tiempo, hasta que la gente tome mucha más conciencia”. “Apuntamos a que el alumno actúe como agente multiplicador y a generar la discusión en el hogar y la escuela, para saber cómo actuar ante una situación como esta” explica. Finalmente, señala el funcionario que “las construcciones en la ciudad de Río Grande se están haciendo de manera muy consciente a partir de los últimos diez años, calcularía yo. De diez años hacia atrás, por ejemplo la convención edilicia contra el riesgo sísmico prácticamente no existía. Eso tiene que ver también con el crecimiento de la ciudad”. Por su parte, y sin ser especialista en el tema, Goodall cree que “no es para asustar, pero un terremoto como el del ´49 en Río Grande sería un desastre, porque las casas no son sísmicas, no tienen las bases que tienen el Casino de Oficiales y el banco Nación”. Goodall cree que “hay peligro de otro terremoto”, pero sin embargo señala que “hoy en día está muy controlado, todos los años se mide la posición de un punto en una roca y los científicos ven cuánto se ha movido la plaqueta. El problema es cuando ésta no se ha movido, entonces aumentan las tensiones y vienen terremotos”. “Hace dos años hubo unas prácticas en los colegios, donde se les enseñaba a los chicos que hacer. Eso es lo principal, enseñarle a la gente a actuar” finaliza.
 
Mejor, prevenir
 
Está claro entonces que Tierra del Fuego es una zona sísmica, pero que aún muchos residentes lo ignoran. Profundizar el trabajo de prevención es fundamental para generar conciencia y tomar previsiones ante un eventual sismo. Por otra parte, también resulta indispensable un ejercicio de revisión del tipo de construcción y el lugar de asentamiento de las viviendas y los edificios erigidos en la Isla. En tal sentido, se recomienda evitar construir en zonas de pendientes abruptas; no disturbar las pendientes naturales del terreno, generando barrancas artificiales que podrían llegar a ocasionar un deslizamiento de suelos ante el pasaje de las ondas sísmicas; y no construir en sobre rellenos de túrbales (especialmente para el caso de Ushuaia) o rellenos sobre marismas o planicies costeras fangosas (para el caso de Río Grande), ya que en estas zonas es factible que se produzca licuefacción de los sedimentos en los que se apoyan las edificaciones, causando una pérdida de la capacidad de sustentación.
 
1887, 1970, 2003
 
Otros sismos de importancia
 
Al terremoto de 1887, del que se tienen pocos datos, y al del 1949, el más significativo, se suman otros dos hechos de suma importancia en la Tierra del Fuego:
 
* Terremoto del 15/6/1970, con epicentro localizado a unos 50 km al norte de la Isla de los Estados (54° 18'Lat. S; 63°36'Long.O), magnitud 7 en la escala Richter. Este sismo estuvo asociado a desplazamientos a lo largo de la Falla de Magallanes y fue percibido por los pobladores de Ushuaia y Río Grande. Acerca de este sismo, la señora Bocha, vecina de la calle Espora, en Río Grande, cuenta que “vi que se me movían las cafeteras, las pavas, se movía todo”.
 
“Un viejito que tenía en casa me dijo ´es un temblor, no salga afuera´ y no mandé a los chicos a la escuela. Sentimos el remezón, pero no hubo cosas raras, sólo miedo y susto. Yo me quedé en casa, ni salí, después fue el comentario, puro susto nomás, se temía por otro más pero quedó todo tranquilo”. A su vez, la locutora de radio Nacional Leda Soto recuerda que “el movimiento sísmico afectó a la Isla pero más se sintió en Río Grande y Río Gallegos, fue un ruido bastante estruendoso que venia de la tierra, un ruido que no se puede describir”.
 
“Estaba el cielo medio rojizo y había un olor extraño, como de azufre, estaba muy raro” rememora. “La noche anterior los animales estaban muy nerviosos, mamá a la madrugada, 5 o 6 de la mañana, atinó a despertarnos y a cortar la luz y el gas, para evitar explosiones. También abrió las ventanas y las puertas”. Soto no olvida que “se movía todo, era una cosa espantosa”, y subraya que “el edificio que está en Thorne y San Martín se balanceaba, te daba miedo de que se desplomara. El temor existió por varios días”.
 
* Sismo del 26 de abril de 2003. Alcanzó una intensidad de 2.8 en la escala Richter y tuvo epicentro en cercanías de Tolhuin, donde fue claramente percibido por los habitantes del lugar. Con mayor precisión, el movimiento se dio en la zona del lago Fagnano, a 23 km de la cabecera Este, muy cerca del destacamento de Prefectura, según datos proporcionados en su momento por Gerardo Connon y José Luis Hormaechea, ambos investigadores de la estación Astronómica Río Grande. Este movimiento no arrojó daños materiales ni víctimas, pero si fue un evento generador de charlas y conciencia. “El último sismo en Tolhuin cobró notoriedad porque ocurrió en una zona poblada en forma permanente, de lo contrario hubiera pasado desapercibido como cualquiera de los 17.000 sismos que se registraron en la placa de Scotia el último año” precisó días después del sismo el geólogo Jorge Rabassa, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic).
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